sábado, 21 de abril de 2012

Libro: La señora Dalloway


Arriba en el cielo, las golondrinas trazaban lazos, volaban haciendo curvas y quiebros, se precipitaban de un lado a otro, giraban y giraban, pero siempre con perfecto dominio, como si estuvieran sostenidas por elásticos, y las moscas que subían y bajaban, el sol tocando ahora una hoja, otra después, burlón, deslumbrándola con oro suave en un gesto de buen humor, y de vez en cuando una campana, resonando divinamente en las briznas de hierba…Todo esto, aun siendo tranquilo y razonable, aun estando constituido por cosas ordinarias, era ahora la verdadera belleza, eso era la verdad. La belleza estaba en todas partes.

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